…el contrabando fue parte del día a día en nuestro valle. Con ingenio, buena forma física y un gran dominio del monte, se burlaba la vigilancia entre huellas falsas y señales secretas.
Se llevaba ganado a Francia y se traían maquinillas de afeitar, nylon, encajes o repuestos de coches. Un trabajo nocturno, duro y arriesgado, que podía llegar a quintuplicar el salario habitual y que hoy forma parte de las historias más sorprendentes del valle.
¿Sabías que nunca faltaron quienes usaban txokles, zuecos de madera con la suela artísticamente trabajada, de modo que las huellas parecían avanzar… y en realidad regresaban? Incluso las marcas que parecían pezuñas de vaca en el barro, muchas veces, no eran más que un juego de ingenio.